La infidelidad es un fenómeno tan antiguo como las relaciones humanas, y aunque cada caso es distinto, existen factores biológicos, emocionales y sociales que ayudan a entender por qué ocurre.
- Atracción por la novedad: El cerebro libera dopamina al experimentar algo nuevo, lo que genera placer y hace que algunas personas busquen emociones fuera de la pareja.
- Factores hormonales: Niveles más altos de testosterona o estrógenos se han asociado con mayor atracción física y, en algunos casos, con más propensión a ser infiel.
- Baja autoestima: Quienes no se sienten seguros de sí mismos buscan validación en la atención de otros.
- Insatisfacción emocional: No siempre significa falta de amor; a veces es ausencia de comunicación, atención o conexión en la relación.
- Impulsividad: Hay personas con menor autocontrol o con tendencia a la búsqueda de riesgo.
- Factores culturales y sociales: En algunas culturas la infidelidad se tolera más, mientras que en otras se condena con dureza. Además, los entornos laborales o sociales donde abundan oportunidades facilitan que ocurra.
- El poder y la oportunidad: Estudios muestran que hombres con mayor poder económico, social o laboral suelen enfrentar más tentaciones.
- Era digital: Redes sociales y aplicaciones de citas han acercado la tentación más que nunca.
Aunque muchos infieles aseguran no dejar de amar a su pareja, lo cierto es que la infidelidad revela necesidades no atendidas o la incapacidad de manejar impulsos y oportunidades.
Más allá de cualquier explicación científica, lo que deja son cicatrices emocionales profundas, pues traiciona la confianza y rompe la estabilidad de la relación. Las bases para un amor duradero siguen siendo las mismas: comunicación, respeto y honestidad.
Al final, el amor no solo se siente: es una decisión que requiere constancia, confianza y compromiso.
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