¿Sabías que el hombre que logró leer los códices mayas no era arqueólogo mexicano, ni lingüista especializado en Mesoamérica… sino un joven soldado ruso que terminó cambiando la historia?
Su nombre: Yuri Knórozov, un genio que transformó nuestra comprensión del mundo maya gracias a dos libros que encontró casi por accidente al final de la Segunda Guerra Mundial.
📚 El hallazgo que cambió su destino
En 1945, cuando el Ejército Rojo tomó Berlín, Knórozov —apenas de veintipocos años— encontró entre los restos de una biblioteca dos obras cruciales:
- Relación de las Cosas de Yucatán, de fray Diego de Landa.
- Una edición de tres códices mayas reproducidos en facsímil.
Muchos soldados se llevaron relojes o radios: Knórozov se llevó libros. Esos libros.
🧠 El genio que desafió a medio mundo
En la URSS, comenzó a obsesionarse con los glifos mayas, que por siglos se consideraron «indescifrables». Su enfoque era simple pero revolucionario: las escrituras complejas siempre tienen lógica… y la maya no podía ser la excepción.
Mientras gran parte de la academia sostenía que la escritura era puramente ideográfica, Knórozov defendió que contenía un componente fonético, es decir: sonidos, no solo ideas. Y se puso a trabajar.
🔍 La clave: Diego de Landa
El polémico fray Landa destruyó templos y códices, pero también dejó un documento con equivalencias entre signos y sonidos mayas. Muchos lo consideraban inútil. Knórozov vio una puerta.
Con él, más sus propios análisis comparativos, creó un método que permitió leer por primera vez nombres, fechas, verbos y secuencias completas en los códices.
🌎 De soldado soviético a leyenda universal
Su trabajo fue recibido con escepticismo en Occidente —plena Guerra Fría, nada ayudaba—, pero con el tiempo su método se volvió la base para descifrar la escritura maya moderna.
Gracias a él: ✨ sabemos cómo escribían las dinastías reales ✨ entendimos sus calendarios con precisión ✨ recuperamos genealogías, guerras, rituales y hasta poesía
De soldado, Knórozov pasó a convertirse en una de las mentes más brillantes de la arqueología del siglo XX.
🏆 Un legado inmortal
En 1994 recibió la Orden del Águila Azteca, el máximo reconocimiento que México otorga a extranjeros. Murió en 1999, pero su nombre está grabado en cada museo, cada investigación y cada glifo que hoy podemos leer.
Y pensar que todo comenzó con dos libros cubiertos de polvo en una biblioteca en ruinas.





















































